El Palau de la Música Catalana fue construido hace cien años en sintonía con las aspiraciones colectivas de un pueblo y como consecuencia de las ideas más avanzadas que dominaban la sociedad de la época.
Este monumento arquitectónico único, proyectado por el genial arquitecto Lluís Domènech i Montaner por encargo del Orfeó Català, nació con aquella genética abierta y vanguardista que es la clave de su trayectoria cultural, de su singular conexión con los ciudadanos, y de su reconocimiento universal.
En las últimas dos décadas, se ha impulsado la actualización a nivel artístico, estructural y patrimonial del Palau de la Música Catalana de Barcelona. A nivel artístico, con la renovación del coro del Orfeó Català, la creación del Cor de Cambra del Palau de la Música Catalana (1990) y de la Escuela Coral de l'Orfeó Català (1999). A nivel estructural, con la colaboración entre las administraciones públicas y la sociedad civil en la creación del Consorcio del Palau de la Música Catalana (1983), que asumió la gestión y explotación de la Sala de Conciertos y la administración del edificio del Palau de la Música Catalana, y la creación de la Fundación Orfeò Català-Palau de la Música (1990), con la finalidad de obtener los recursos necesarios para el desarrollo de los colectivos corales del Orfeó Català y la organización de 150 conciertos anuales en el Palau de la Música Catalana, entre los que destacan Palau 100 y Les Escoles al Palau. Y a nivel patrimonial, con la realización de las obras de remodelación y ampliación del Palau que, dirigidas por el arquitecto Mellar Tusquets, fueron inauguradas el año 1989, y con el ambicioso proyecto “Un Palau para el siglo XXI”, con el fin de poder inaugurar el 22 de abril de 2004 el auditorio Petit Palau y la plaza del Palau.
Cien años son una brizna en la historia de la humanidad y, en cambio, representan una hito excepcional en la historia del Palau. Por esta razón hemos querido que la celebración de este Centenario tenga la participación de todos los estamentos y todos los segmentos generacionales de nuestra sociedad y la pluralidad de los actos que lo conmemoran ha tenido un eco en el ámbito cultural, artístico y musical, sin excluir una dimensión lúdica y popular. En resumen, ¡la celebración del Centenario ha sido una gran fiesta para todos!